Un paseo por São Paulo

[La historia de São Paulo está ahí, hablando por sí sola. Rescato esta crónica del día en que conocí a la ciudad como para dejar constancia de las ganas que tengo de volver]

Llegué a São Paulo, Brasil, después de haber volado durante toda la madrugada desde Caracas. Eran casi las seis de la mañana y la primera impresión que tuve al pisar la ciudad, fue que era como estar en mi ciudad. El tráfico está a la orden del día; y no es para menos, con casi veinte millones de habitantes y seis millones de carros -o más- circulando a toda hora. Para los que ya estamos acostumbrados a un tráfico citadino, eso era lo que menos importaba.

Sao Paulo, siempre ocupada

Los paulistas, y creo que esta es una característica del brasilero en general, son muy amables con quienes los visitan. Si no hablan español o inglés, se aventuran con el “portu-ñol” y entre señas y palabras entrecortadas se dan a entender para brindarte cualquier ayuda que necesites. Entonces, el señor que me trasladó desde el aeropuerto al Hotel Transamérica, me iba explicando que en São Paulo, cualquier hora es hora pico; que reciben a diario a cientos de empresarios y banqueros que van a hacer negocios a la ciudad; y por supuesto, me preguntó por nuestro Presidente en el momento justo que agradecí ya haber llegado a mi destino.

Para hablar del São Paulo de hoy, hace falta recorrer un poco su pasado. En el hotel me ofrecieron la posibilidad de solicitar un guía privado, algo que recomiendo totalmente; pues hablará tu mismo idioma, irás muy cómodo y te tomará las fotos que quieras si no estás acompañado, como era mi caso. Entre los muchos paquetes turísticos, yo opté por un recorrido de cuatro horas que me llevaría por el casco histórico de la ciudad y sus recovecos, para luego ir descubriendo, calle a calle, un São Paulo moderno, lleno de tiendas de lujo y restaurantes por doquier.

Esta ciudad, la más grande de todo Brasil, está llena de matices en todos los sentidos posibles. Fue fundada el 25 de enero de 1554 por unos curas jesuitas que llegaron a un sitio perfecto: una colina alta y plana que facilitaba la defensa contra los ataques de los indios hostiles. Allí fundaron un colegio, Patio do Colégio, alrededor del cual se inició la construcción de las primeras casas y desde donde hoy en día se puede apreciar un monumento en honor a los esclavos, llamado la Estatua de la Libertad.

Entrar al colegio es muy curioso. Siempre me causa una grata impresión el poder visitar un lugar con tantos años de historia. Saber que son las mismas paredes, las mismas mesas, las mismas puertas. Pienso que debe existir por allí una especie de energía que no disminuye con el pasar de los años. Y lo mejor de todo es el empeño por conservarlo.

El casco histórico de la ciudad guarda edificios muy antiguos que se intentan preservar a toda costa. Muy cerca de Patio do Colégio, se levanta la Catedral da Sé (nombre dado en lenguaje indígena guaraní), uno de los cinco mayores templos góticos del mundo. Es imponente y hermosa por sí misma y por todo lo que la rodea. Justo  al frente de su entrada hay una plaza que marca el centro de todo São Paulo. Un sitio en el que a los turistas les encanta tomarse fotos. Cerca de esta zona está la Avenida Consolación. Allí se encuentra un cementerio muy famoso que, a muchos, les recuerda al de La Recoleta, en Argentina; aquí están enterrados varones y grandes personalidades desde la época de 1800.

La famosa Avenida Paulista juega un papel importante en este recorrido, pues es uno de los puntos turísticos más característicos de la ciudad. Allí se encuentran algunos edificios que datan de los años 60s, ya con los días contados, y están todas las agencias bancarias de São Paulo. Es la parte más alta de la ciudad y es la que divide a la zona antigua de la nueva. Además, es la avenida que se cierra para disfrutar de los carnavales o celebrar el cumpleaños de la ciudad.

En la aventura de conocer São Paulo  no hay que dejar de pasar por el Parque Ibirapuera; vale contar que en uno de los auditorios que se encuentran dentro del parque es donde se realiza el famoso São Paulo Fashion Week , durante los meses de enero y junio. Justo al frente se levanta un obelisco -en homenaje a los soldados que murieron en la Guerra y que fueron enterrados allí mismo bajo el título de heroes-, y el Monumento Das Banderas -en honor a los esclavos-. Esta zona es hermosísima y si quieres tomar alguna foto, tienes que prácticamente, hacerlo desde el carro, porque no hay algún sitio en el que te puedas estacionar. Si te detienes, serán inclementes con las cornetas, y es que los paulistas son amables, pero gustan de llegar a tiempo a cualquier lado.

Así como en las grandes metropolis del planeta, la ciudad garantiza opciones para todos los gustos. Sus calles ofrecen ferias de artesanía casi todos los meses del año; comercio especializado, antigüedades, bisuterías, equipos electrónicos, etc. No pasa desapercibido el sambódromo, aunque no tan grande como el de Río de Janeiro; tampoco el estadio de fútbol de Pacaembú, el circuito de Fórmula 1 donde se corre cada mes de septiembre el Brazilian Grand Prix, y una avenida inmensa que alberga a todas las marcas de carros del mundo y en la que, curiosamente, todas sus calles llevan nombres de países. Esto, sumado a 32 centros comerciales, 34 museos, 40 galerías de arte y casi 12 mil 500 restaurantes, hacen de São Paulo la ciudad más rica de todo Brasil.

Dato viajero: los venezolanos que quieran viajar a São Paulo o a cualquier otra parte de Brasil, deben tener el certificado de vacunación contra la Fiebre Amarilla, con un período mínimo de 10 de días para poder entrar al país.

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