Madrid y la mirada de Méndez Guédez

Juan Carlos Méndez Guédez, en la Gran Vía de Madrid

Juan Carlos Méndez Guédez, en la Gran Vía de Madrid

Son las 6:36 pm cuando cruzo la puerta del Instituto Cervantes. El lugar está casi vacío. Una mujer revisa mi identificación y un vigilante lo hace de nuevo para dejarme subir. Voy al ascensor y cuando se abre en el piso cinco, me recibe Juan Carlos con su abrazo cercano. Me ha pedido que lo llame así, por su nombre y sin el usted, porque en Madrid perdió las formalidades hace un tiempo. En mi mente me sigo dirigiendo a él como Méndez Guédez y no consigo otra manera de mencionarlo en mis conversaciones.
Comenzó a desandar los pasillos, abriendo y cerrando puertas entre oficinas desoladas, hasta llegar a la suya: una convulsión de papeles, un escritorio lleno de pendientes y la ventana con la mejor vista que se pueda tener de Madrid; una que hasta el mismo Rey de España quisiera para él. “Una vez el Rey estuvo aquí y preguntó quién se sentaba en este despacho; eso me hizo gracia”, me dice Juan Carlos mientras toma su chaqueta y sus cigarros para irse a caminar conmigo la ciudad.
La ventana se asoma a la Plaza de Cibeles; a ese transitar sin descanso del madrileño. Desde ahí, Méndez Guédez vive su Madrid cotidiana y una muy parecida a la de las postales. Ahí, tan cerca del ruido y, al mismo tiempo, en silencio; le da tiempo de contemplar los matices de la ciudad en la que vive desde hace poco más de 15 años, el lugar donde ha publicado la mayoría de sus libros y donde sigue encontrando inspiración en la historia de sus calles, sus edificios, los árboles y la gente.
“Hace poco perpetré mi primer libro de viajes. No sé si lo publicaré alguna vez, pero fue una experiencia interesante. Hablé de dos ciudades que conozco bien como son Madrid y Barquisimeto, y las miré desde una mirada de extrañeza, como si las estuviese contemplando por primera vez. Me inventé un personaje que no conocía esas ciudades, que pasa por Caracas y le suceden algunas cosas”, me va contando Méndez Guédez mientras comenzamos a subir por la calle Barquillo, un pedazo de la ciudad que recorre a gusto todos los días.
A medida que vamos caminando por la Madrid que quiere mostrarme, nos detenemos a ver edificios, árboles, algunas vidrieras, y se deleita contándome la historia de Baldomero Espartero, un general español que fue prisionero de Simón Bolívar en 1825 y que le arranca fascinación por todos lados. “Quiero darle vuelta a un personaje, venezolano. Lo voy a poner a vivir en la calle Barquillo y en la época de Espartero”. La estatua en honor a este general nos la tropezamos casi dos horas después, entre Salamanca y Retiro, uno de los barrios que también despierta la imaginación de Méndez Guédez y que le traen a la memoria sus primeros años en Madrid.
Subimos, bajamos, volvemos a la misma esquina. Caminamos según el orden de sus ideas.
En la calle Libertad

En la calle Válgame Dios

En el café literario Libertad 8, ubicado precisamente en la calle Libertad, Méndez Guédez suele hacer a veces alguna parada. Le parece un café-bar decadente y por eso va, casi por instinto. Antes, cuando existía el bar de la familia del actor Javier Bardem, La Bardemcilla de Santa Ana, también se dejaba aparecer por ahí a tomar algo. “En ese bar una vez me dijeron que mi acento sonaba a Chávez y respondí que mas bien debería sonar a Andrés Bello”. A veces, solo a veces, va a tomar un café en el Hotel de las Letras, un sitio lleno de poesía en sus paredes y en el que en ocasiones se hacen lecturas e invitan a escritores.
Cuando llegamos a Chueca, el barrio gay de Madrid, se ríe. “No deja de causarme gracia que Simón Bolívar se haya casado en un barrio gay. Por error se dice que fue en la Iglesia de San José, pero lo cierto es que fue por aquí y hay una placa que lo señala en la esquina de la calle Libertad con Gravinia”.
En 1998, cuando Juan Carlos Méndez Guédez llegó a Madrid, lo hizo movido por la curiosidad, por descubrir su propia vida. Hizo suya la ciudad que se distanciaba mucho de su Barquisimeto natal, en Venezuela, y le puso a sus letras los laberintos del inmigrante, la melancolía de la lluvia, la historia de las calles por las que camina a diario.
Aunque se confiesa un poco olvidadizo y bastante despistado; conserva la costumbre de leer desde las siete de la mañana, de caminar y observar, de esperar a su hija a la salida del colegio, de escribir hasta las dos de la madrugada, para luego ir a dormir y empezar de nuevo. “Madrid, para mí, es alegre, curiosa, cosmopolita. El español sabe vivir aquí una vida sin culpas. Por otro lado, Madrid es mi decisión de vida. Estar aquí es como vivir la vida de otros; no fue aquí donde creciste, pero es tu lugar y a veces siento que me apropio de recuerdos que no son míos”.
El despacho y la ventana

El despacho y la ventana

Méndez Guédez y otros rincones 
Plaza de Cruz Verde, por la calle Segovia. Bellísima y pequeña plaza en la que en verano hay una terraza maravillosa, rodeados de esa majestuosidad del Madrid de los Austrias.
Plaza del Alamillo. Otra plaza preciosa que me gusta tropezar de tanto en tanto.
Glorieta de Bilbao. Un sitio precioso de Madrid; me gusta tomar un corto café en el Café Comercial, un antiguo bar de la ciudad vinculado a encuentros literarios, aunque yo voy en plan muy tranquilo solo a tomar algo y mirar la Glorieta y el principio de la calle Malasaña.
Cuña verde de Moratalaz. Un parque reciente; antiguamente había allí una escombrera, pero es ahora un lugar lleno de pinos, hermoso, para caminar, sobre todo en las tardes cuando viene la noche: el cielo se incendia con unos colores rojizos impresionantes y a lo lejos se distinguen los cuatro rascacielos de Madrid. Es el parque que en una de sus orillas tiene una autopista y al fondo, la visión intimidante del cementerio de La Almudena. Pero me parece que condensa un poco lo que es una ciudad: un lugar que es todos los lugares.
Juan Carlos Méndez GuédezJuan Carlos Méndez Guédez es un escritor venezolano, nacido en Barquisimeto, Venezuela, en 1967. Autor de 18 libros entre novelas, cuentos y ensayos; vive actualmente en Madrid, donde sigue desarrollando su literatura, a la par de su trabajo en la Dirección de Cultura del Instituto Cervantes. Su libro más reciente es “Los Maletines” (Siruela, Madrid). En Twitter es @mendezguedez

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