Delirios de un viaje por Europa

Madrid, 10:00 pm / 06 de mayo, 2017

Hace rato tomé dos cervezas. Había que probarlas porque apenas costaban 0,38€ la unidad y bueno, daba curiosidad. El sabor me recuerda a la Benitz, una cerveza artesanal que hacen en la Colonia Tovar, lejos de donde estoy ahora. Eso, hace rato tomé dos cervezas y mañana se cumplen dos meses desde que llegué a Madrid. A veces, el tiempo avanza de manera caprichosa y las circunstancias que rodean a un viaje son disímiles, abstractas, dispares.

En Madrid, por ejemplo, me he concentrado en llenar todos los espacios con amor: el de mi ahijado cuando sonríe con complicidad a la cámara; el de mi amiga (casi hermana) cuando ríe; el amor de las conversaciones largas en la madrugada, de las lágrimas bien lloradas. Incluso, he llenado de amor a las preocupaciones. He llorado en Madrid y, sin embargo, no ha habido tristeza sin cobijo. Madrid siempre está ahí, con sus calles a punto, con una cotidinaidad que vuelvo mía, con la calma que consigo al caminar tres cuadras hasta la estación de tren, para luego bajarme en Atocha y buscar otra conexión a la que muchas veces llego tarde, pero no me importa. Madrid, para mí, es hablar mucho, es una caña bien servida, una primavera fría y calurosa. El sitio en el que me detengo a pensar, a hacer balance.

Pero también dejé Madrid. Hoy, que caigo en cuenta que ya tengo dos meses en Europa (o casi, a puntico de), trato de entender cómo funciona el tiempo. Dejé Madrid y me fui a Barcelona -por primera vez- y estuve doce días desandando sus calles. Qué poco el tiempo, pienso ahora, pero qué necesario el tránsito por una ciudad a la que tenía tantas ganas de conocer. Hace dos días, hablando con otros viajeros, reconocí en voz alta que Barcelona es hermosa , pero que celebro a Madrid, siempre.

ahijado

Mi ahijado, siguiéndome la corriente

Barcelona

Me pillaron en una calle de Barcelona

De Barcelona me fui a Francia en autóbús. Un viaje lento en un asiento cómodo. Allí me atrapó Montpellier en plena noche y a primera vista. Atesoro ese primer instante caminando por esa ciudad pequeña, arrastrando la maleta gris entre las calles de piedra, haciendo un ruido como un estruendo. Era miércoles la noche en la que llegué y había poca gente en las calles, pero se concentraban en los bares y en los callejones largos e imprecisos. Montpellier me reencontró con conversaciones añejadas, con un pizza (que no es nada francés) y me llenó la cabeza de preguntas: ¿qué hago aquí? ¿te extraño? ¿qué necesito? ¿qué estoy buscando? Y así.

En Francia entendí que estaba pasando por un lapsus silenciosus (?) porque no tenía muchas ganas de hablar, ni que me hicieran tantas preguntas. A veces, cuando viajamos, nos encerramos y es que hay día de días. De Montpellier fui a Marsella, a dos horas de distancia y la ciudad fue lluvia y frío durante los días que estuve allí. A pesar de la curiosidad, del caminar rápido, del paraguas de 4€ que tuve que comprar, Marsella se me dibujó con orden. El desenfado del olor a pescado fresco en el puerto, la elegancia de sus fachadas, la sutileza de sus jabones. Si me gustaba así, con lluvia, al posarse el sol en todos sus ángulos debía ser un espectáculo y eso lo imaginaba de tanto en tanto. Era extraño que me gustara la lluvia (a mí, que no me entusiasman los días nublados) pero así fue como me tocó conocerla. Y luego, Montpellier otra vez, y ahí mi decisión de no seguir a Italia, de no abarcar otro lugar, sino volver a Madrid. Por eso estoy aquí, haciendo un resumen en mi cabeza que quizá no les sirva de nada, pero que hace que mi memoria repose y recuerde. Dejar todo por escrito está bien. Todo esto es una parte de lo que ha pasado por fuera, porque ya he contado cómo ha sido mi viaje, por dentro.

pan

El día que improvisé un baguette con el queso más barato en Marsella, y no lo conté en la libreta

playa

Un domingo de playa, a las afueras de Montpellier

Por eso llamo a esto “delirios”, porque es el tipo de cosas que escribo en mi libreta y que luego me interesan solo a mí (o eso creo), pero que a veces saltan directo a este espacio solo porque es sábado, hace frío y tengo dos cervezas en la cabeza. Bueno, eso no es cierto, lo comparto porque quiero. Porque me da la gana.

Entonces, ¿qué viene después? Bueno, mi curiosidad en fotos y los escritos que intentan contar mi recorrido para que ustedes los hagan, o tomen algún dato, o se inspiren. Quiero contar cómo es que he estado estos meses con muy poco presupuesto, cómo se pueden saltar algunos límites que solo existen en la cabeza y cualquier otra cosa que se me ocurra. Eso viene después, pero ahora -y como dicen Los Amigos Invisibles- esto es lo que hay.

PARÉNTESIS. Quiero dar las gracias a Asegura tu viaje por cuidarme desde que salí de casa. Aunque me dio fiebre todos los días en Barcelona, no tuve necesidad de llamarlos, pero es bueno saber que iban a estar ahí para resolver cualquier situación.

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4 comentarios en “Delirios de un viaje por Europa

  1. Silvia Moreno dijo:

    Geacias x compartir tus vivencias. Te leo siempre y aunque no lo creas me siento cerca tuyo con tus relatos. Te felicito pir animarte. Por tu entusiasmo. Por tu amor a la vida… y sobre todo por ser como sos!!!
    Silvia Moreno. Santa Fe. Argentina.

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