Una caja de recuerdos

Tengo una caja pequeña en la que guardo ciertas cosas que traigo de mis viajes: la tarjeta que abre una habitación de hotel, algún ticket de tren, credenciales para eventos, varios boarding pass mal deprendidos y rayados, mapas, algunas fotos recortadas, posavasos, servilletas curiosas; un bolígrafo sin tinta.

Es una caja un poco romántica. Va acumulando recuerdos y vuelvo a ella -o a ellos- cada vez que estoy planeando un nuevo viaje. Quizá guardé allí alguna ruta, un mapa que me serviría para otra ocasión; un algo que me dará pistas para lo nuevo que estoy por hacer. A lo mejor no encuentro nada, pero ir sacando todo y dejarlo nuevamente allí, en desorden, es un ejercicio a la memoria, un llamado a la nostalgia.

De alguna manera esa caja también guarda mis angustias. Esos nervios que me dan cuando estoy a punto de comprar un boleto de avión por teléfono y pienso que no están escribiendo bien mi apellido o la dirección de mi casa. La cosquilla dramática que me da en el counter de la aerolínea cuando el que me está atendiendo frunce el ceño y me pregunta hace cuánto hice la reserva. O esa espera eterna en la correa de maletas y ver pasar a todas, menos la tuya.

Lo más tragi-cómico que me ha pasado en mis viajes ha sido un vuelo Madrid-Zurich que perdí porque me equivoqué de horario; un vuelo Caracas-Atlanta-Nueva York que se retrasó siete horas; un vuelo nefasto Valencia-Bonaire en medio de una tormenta eléctrica; y una maleta que llegó a Nueva York tres días después y justo cuando regresaba a Caracas. No me quejo. He leído cualquier cantidad de desventuras, que después pasan a contarse como un chiste y a tener un lugar propio dentro de una caja.

Hace poco leí que la nostalgia ayuda para viajar y es cierto. La prueba está en que vine aquí a escribir sobre la emoción que genera planear un viaje, y terminé escribiendo algo muy distinto. Culpa de la caja y de los recuerdos.

8 respuestas a “Una caja de recuerdos”

  1. Lo más lindo de tener esa Caja de Recuerdos es que cada vez que la veas, siempre vuelve a tu memoria todos los gratos momentos que pasaste cuando hiciste ese viaje. Es bonito tener esos recuerdos. TQM

  2. ¡No estás sola! Yo también tengo una caja en donde guardo momentos. Los «fantasmas» de las fotos tomadas (me topé con los negativos de cierto viaje a Buenos Aires 😉 a ver si los vuelvo a traer a la vida); la Canon AE-1 de mi papa forzosamente obligada a jubilarse porque el desuso de décadas y la humedad tropical ocasionó estragos en su «mecanismo», pero que conservo y cuido con el mismo cariño que el resto de mis otras «bebes». Y por supuesto, los carretes por usar que me recuerdan las fotos que voy a tomar…

  3. Mi «Caja de Recuerdos» esta dividida como en 5 cajas que están en mi casa hehehe… eventualmente las consigo y viajo mentalmente muchos días en microsegundos solo con abrirla… Creo que es hora de ordenar y hacer una sola caja =) Un Gran Abrazo

    Lino
    @eskpado

  4. Lo más tragicómico que me ha pasado es que en el counter me hayan dicho que tenia el pasaporte vencido. Eran otros tiempos y en la tarde lo pude renovar y tomar otro avion. Ese día fue tan demoledor, tanto física como emocionalmente, que ni me entere cuando el avión despego.

    • Me hiciste recordar cuando una vez no me querían dejar montarme en un avión hacia Río de Janeiro, porque la del counter insistía que mi certificado de fiebre amarilla tenía 9 días, y no 10 como exigen. Me hizo esperar casi dos horas y ya al final, me dijo que fuera a la oficina de salud del aeropuerto para que me aprobaran la fecha. Casi lloro y estuve a punto de perder el vuelo, pero corrí rápido. Gracias por pasar por aquí 🙂

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